La tranquilidad de llegar a casa a la madrugada y hacer cuanto quilombo se me cante. Cocinar si tengo hambre, hacer ruido si quiero hacer ruido y dormir un día entero si tengo ganas. Ah no, cierto que a las ocho de la mañana me llama alguno de los dos pelotudos que tengo por padres.
Loco, ¿qué somos? ¿Granjeros que se levantan cuando sale el sol para arar el campo? No, dejame dormir, es sábado y son las ocho de la mañana. ¿A mi que me importa que haya llegado una factura de Claro a mi nombre? No me jodas.
Anoche dije 'se van todos a la puta, yo pongo el celular en vibrador y que se maten todos'. Me desperté y tenía: diez llamadas perdidas de mi vieja, una de mi viejo y sms de mi madre y mi mejor amiga. El de amiga decía 'cuando puedas llamame' y el de mi vieja 'atendeme, es una urgencia'. Llamé a mi vieja y no me atendió. Llamé a amiga y me dijo que mi vieja la había llamado y que si no sabía donde estaba. En resumen, mi vieja a las ocho de la mañana no solo me rompió las pelotas a mi sino que también a mi amiga.
Volví a llamar a mi vieja. Me atendió. Me contó la catástrofe: 'hija, llegó una factura de Claro a tu nombre, es de tu celular viejo? De qué es? Por qué llegó?'. Histérica, es una loca histérica. No me puedo mudar a mil kilómetros que igual sabe como romper las guindas. 'No se ma, de qué me hablas? Yo nunca tuve un celular de Claro, debe ser de papi'. O sea, captá la puta indirecta, no me rompas los ovarios. Estoy durmiendo, campesina. Andá a arar el campo y dejame dormir. Chau.
sábado, 7 de enero de 2012
No me llames ni aunque se caiga el mundo.
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